miércoles, 12 de diciembre de 2007

LA ÚLTIMA HORA: RIP

Recostado sobre uno de aquellos incómodos sillones que formaban parte del escaso mobiliario del que era poseedor, me dispuse a hacer balance de una vida pasada. Ésta, la historia de mi vida, es una historia de soledad, desengaños y despropósitos. Una historia, que tan sólo quiero recordar, para tratar de poner luz sobre un camino que recorrí a oscuras.
Según me relataron en el hospicio donde fui condenado a desconocer palabras como "jugar" o "infancia", mi venida al mundo, supuso el fin de los días de mi madre. Por este motivo, el hombre que junto a la fallecida me había dado la vida, decidió desterrarme de la suya.
Dejando atrás, de un furibundo portazo, aquel aniquilador de niñeces, celebré mis 18 otoños, que no primaveras, buscando un emplazamiento donde continuar restando días a mi vida.
De como mantuve encendida la tenue llama de mi existencia, prefiero no hablar, por lo menos, hasta que dedicarse al hurto, sea considerado un oficio decente. De este modo, sin oficio, pero con beneficio, conseguí reunir una suma del vil metal, que aunque no una fortuna, me proporcionó un techo, algo que llevarse a la boca y un incómodo lecho donde todas las noches mi maltrecha alma moría, para, cual ave Fénix, resucitar a la mañana siguiente de sus propias cenizas.
No obstante, pronto decidí abandonar por las noches a mi alma, para salir a buscar satisfacción a mis varoniles deseos. Así, fue como conocí a una inmensa variedad de damiselas que a cambio de una pequeña suma, estaban dispuestas a compartir su SIDA conmigo. De esta forma, con mi alma condenada a vivir abandonada lejos de mí, e incurablemente enfermo, se acentuó la decadencia de mis días.
Y ahora, mientras el inexorable Cronos se dispone a ganarme una partida, que desde que empezó, tuvo a su favor, recuerdo aquellos labios carmesí, que habían perdido su belleza, a razón de tantos besos dados sin amor. No se podía encontrar amor en aquellas mujeres. Pero, sin embargo, mientras los latidos de mi corazón se atenúan y mi respiración se dificulta, una sonrisa aparece en mi rostro. Por fin, he encontrado el amor, un amor eterno, con el que acabo de sellar un pacto de fidelidad bilateral. Su nombre: La Muerte.
DESCANSE EN PAZ