No existe la gallina de los huevos de oro. No malgastaré mi tiempo en busca de una falsa panacea. Los caminos han de recorrerse. Simplemente. Tal como son: pedregosos o de rosas. Es inevitable -por suerte- tratar de caminar solo, bien sea para encontrarnos una mano tendida o una pierna dispuesta a hacernos caer. Compañeros momentáneos o más duraderos; pero pasajeros. Habrá que tomar decisiones; elegir el camino adecuado y saber continuar en caso de error...
Sigo sin creer en las panaceas. Tampoco en los huevos de oro. Del animal, tan sólo el viejo refrán: "más puta que una gallina". Así pues, aun a riesgo de equivocarme, creeré en el amor...
...aunque solo sea un placebo.
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